domingo, 7 de septiembre de 2008

ANÉCDOTA DE MI HIJO ELÍ.

Dios le ha permitido a mi hijo Elí vivir algunas ironías. En Perú mi hijo, era dormilón y casi siempre salía con las justas de tiempo para el colegio. Muchas veces llegaba tarde. Cuando tuvo catorce años me pedía permiso para una hora determinada y llegaba media hora más tarde. Fue una costumbre muy mala que adquirió y yo como padre le advertí varias veces que la puntualidad era un gran valor que se aprende en casa y que lo preparaba para la vida. Una vez le dije, hijo en casa se aprende a ser puntual porque es una norma de respeto al orden establecido, en los trabajos nunca, me entiendes ¡¡ N U N C A ¡¡ te van a decir a qué horas quiere entrar Sr.Elí Guerrón. Tú tienes que acoplarte y cumplir el horario. Así son las cosas siempre y tienes que aceptarlo.
Pues quien les dice que, unos años más tarde, estando en Estados Unidos en una entrevista de trabajo, los empresarios y él convinieron los honorarios, el sistema laboral y otros. Y cuando Elí preguntó por el horario, le dijeron, y para usted Sr.Guerrón cuál es la hora más cómoda para que ingrese a laborar. Mi hijo sonrió y por la noche me llamó. Y me dijo en broma, pá cuando me dijeron lo del horario recordé tus sabias y contundentes palabras.

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